Hay años en que el cine y la televisión llegan al enero con deudas. 2026 no tiene esa comodidad: el catálogo está cargado desde el principio, los nombres son demasiado grandes para esconderse y el tipo de promesas que se hicieron exigen ser cumplidas. No es entusiasmo lo que mueve este calendario. Es presión.
Empecemos por lo más obvio y por eso mismo lo más difícil de ignorar. Dune: Messiah es la adaptación de la segunda novela de Frank Herbert por Denis Villeneuve, y cada película de esta saga llegó mejor que la anterior. Hay algo en cómo Villeneuve entiende el peso casi religioso del universo de Herbert —la política como fe, el poder como trampa— que ningún otro director contemporáneo replica. Lo que hace que esta entrega se sienta distinta es lo que viene después: su siguiente proyecto es James Bond, lo que convierte a Dune: Messiah en el último territorio en que el director puede ir a fondo con su propia visión, sin las restricciones de una franquicia ajena. Eso cambia cómo se mira una película antes de verla.
The Odyssey es Christopher Nolan adaptando a Homero. Desde Oppenheimer, cada película suya es evento, conversación, motivo para llenar salas en un momento en que las salas necesitan motivos. Tomar la epopeya fundacional de la literatura occidental —el origen de toda narrativa de aventuras, de toda historia de regreso— y convertirla en cine es exactamente el tipo de swing desmesurado que define su carrera. Nadie más lo intenta. Eso solo ya vale algo.
El regreso de los grandes
Steven Spielberg vuelve a la ciencia ficción con Disclosure Day, y la frase tiene un peso específico que merece detenerse. Lleva casi dos décadas sin hacer algo a esta escala —descartando Ready Player One, que es mejor descartar. El guión es de David Koepp; el elenco incluye a Emily Blunt, Josh O’Connor, Coleman Domingo y Wyatt Russell. Si hay un director capaz de hacer que una película sobre contacto extraterrestre se sienta íntima y monumental al mismo tiempo, ese es Spielberg. La pregunta no es si puede hacerlo. La pregunta es qué versión de esa capacidad aparece en junio.
Project Hail Mary adapta la novela de Andy Weir con Ryan Gosling en el rol principal: un astrónomo que despierta solo en una nave sin recordar cómo llegó ahí, con la misión de salvar a la humanidad y una amistad imposible en el medio del espacio profundo. El tráiler reveló más de lo conveniente. No importa demasiado: lo que se ve alcanza para entender que la película tiene la misma energía de las mejores historias de exploración solitaria, y Gosling en ese territorio ya demostró saber moverse.
Robert Eggers llega con Werewolf, Aaron Taylor-Johnson en el rol principal junto a Lily-Rose Depp y Willem Dafoe en lo que seguramente es el personaje más extraño de la película. Eggers ya demostró con Nosferatu que los monstruos clásicos tienen más vida cuando alguien se los toma completamente en serio. Tomar un género en serio no significa hacerlo solemne; significa construirle una arquitectura de peso, textura histórica y violencia inevitable. Es lo que sabe hacer. No hay razón para creer que acá va a fallar.
Zach Cregger, el director de Barbarian, llega con su versión de Resident Evil: no una adaptación fiel al lore del videojuego, sino algo propio, con Austin Abrams encabezando el elenco y la mitología original en gran parte descartada. Si hay alguien en Hollywood hoy capaz de hacer que el horror de género sea tanto elegante como brutal, es Cregger. Que elija este universo para probarlo es, en sí mismo, una declaración de intenciones.
Lo que viene por televisión
Night of the Seven Kingdoms ya arrancó y los primeros dos episodios confirman lo que la premisa prometía: seis episodios cortos basados en las novelas de Dunk y Egg, con una energía radicalmente distinta a la de House of the Dragon o Game of Thrones. Es pequeña, íntima, casi de comedia, y habla de honor e identidad en Westeros sin la épica aplastante de la saga principal. Es el retorno a ese universo que se sentía necesario.
Lanterns es la apuesta más ambiciosa de James Gunn en el formato televisivo: Hal Jordan y John Stewart como detectives del espacio en una historia de misterio al estilo True Detective, con Kyle Chandler y Aaron Pierre en los roles principales, Damon Lindelof con presencia creativa y Tom King involucrado en el material. El universo DC recién empieza a reconstruir credibilidad. Esta serie es su prueba más exigente hasta ahora.
La tercera temporada de Interview with the Vampire llega con el foco en Lestat convertido en estrella de rock, canciones originales y la promesa de ser algo más extraño que todo lo anterior. Si la primera temporada fue una serie de vampiros y la segunda un drama de crímenes con vampiros, esta es una temporada musical. Sam Reid y Jacob Anderson llevan dos temporadas construyendo una de las mejores dinámicas de la televisión contemporánea.
Esta es su apuesta más ambiciosa todavía.
Y después está Greta Gerwig en Narnia. Chronicles of Narnia: The Magician’s Nephew para Netflix, con Carey Mulligan, Emma Mackie y —en rumores que cambian semana a semana— Daniel Craig como Aslan. La reserva más legítima es que Gerwig nunca dirigió efectos visuales a esta escala. La fe más razonable es que ya demostró en Barbie que puede tomar un material que no debería funcionar y hacerlo funcionar de formas inesperadas. Entre esas dos posibilidades hay una película que, cuando llegue, va a ser difícil de ignorar en cualquier sentido.
La sorpresa más improbable del calendario animado también merece su mención: Oswald the Lucky Rabbit, la serie de Jon Favreau sobre el personaje que Walt Disney creó en 1927 y perdió frente a Universal un año antes de inventar a Mickey Mouse. Disney recuperó los derechos en 2006 a cambio de ceder los derechos televisivos de Al Michaels a NBC. En 2026 hay una serie sobre ese conejo, con Amy Sedaris, Catherine Hahn y Steve Martin en el elenco. Es lo más extraño del año. Eso solo ya garantiza algo.
El campo es profundo, los nombres no dan margen y el diciembre de 2026 va a contar una historia muy distinta a la de cualquier año reciente. La pregunta es cuántas de estas apuestas van a resistir el peso de lo que prometieron.